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García de la Concha explica que los códices manuscritos de Lope de Vega revelan que el autor no tenía la misma “escritura fácil” para la poesía

El Adelanto

El director honorario de la RAE destaca que para escribir los catorce versos de un soneto llegaba a escribir 58 líneas

El director del Instituto Cervantes y director honorario de la Real Academia Española, RAE, Víctor García de la Concha, explicó hoy que dos de los tres códices manuscritos que se conservan del escritor y dramaturgo Lope de Vega, revelan entre otras cuestiones que aunque tenía una gran facilidad para escribir textos y obras de teatro, como a él mismo le gustaba decir, en lo que se refiere a la poesía no tenía esa “escritura fácil”.

García de la Concha, que pronunció una conferencia sobre este asunto en la Universidad de Salamanca, organizada por la Cátedra de Altos Estudios del Español, puso como ejemplo que en uno de esos códices, el Códice Pidal, que incluye cerca de 40 poemas inéditos, se puede comprobar como para escribir un soneto, de 14 versos, llegaba a escribir y tachar 58 líneas.
 
El académico explicó que este tipo de manuscritos tienen un “gran interés filológico”, porque en ellos se puede ver como en ocasiones esa “facilidad” literaria “le venía, mientras que otras veces no”. De este modo, añadió, los documentos incluyen poemas enteros “en limpio” y otros que van construyéndose a base de anotaciones, mejoras y tachaduras, que con el tiempo y las técnicas, se han podido incluso llegar a leer para ver la evolución de los textos.
 
Lope de Vega, añadió, era un hombre muy “generoso” y que vivía con intensidad la vida cotidiana madrileña, por lo que aprovechaba cualquier celebración, para escribir unas líneas. Pero sin embargo, destacó que la creación poética adquiría para él “otro sentido”, tal y como se reflejan en estos trabajos.
 
Los códices que han llegado hasta la actualidad, los escribió en su última etapa vital, es decir entre 1625 y 1635, y se trata de cuadernos escritos de su puño y letra que permiten conocer mejor a este prolífico escritor del Siglo de Oro español.
 
Gracias a quien fuera su mecenas, el Duque de Sessa, se han conservado, porque uno de los acuerdos que mantuvieron debía de ser el de entregarle sus manuscritos, a cambio de su ayuda económica. De este modo, además de escribirle las cartas e incluso poesías de amor, logró reunir una colección muy importante de originales de Lope de Vega en su biblioteca. 
 
Estos documentos pasaron de generación en generación y se fueron dispersando. Hoy, se conserva el llamado Códice Durán-Masaveu y el Códice Pidal, mientras que el Códice Daza fue vendido a finales de los años 60, pero se cree que salió de España y que fue a parar a un coleccionista privado.
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